Cuando alguien me escribe pidiendo «un logo nuevo», casi siempre le hago la misma pregunta antes de decir que sí. ¿Ya sabes para quién es esa marca? La mayoría no lo tiene tan claro como cree.
Un logo se puede hacer en una tarde. Una marca que funcione de verdad necesita algo más antes de eso. Aquí van los cuatro pasos que sigo siempre, antes de dibujar nada.
Defino a tu público ideal, no a todo el mundo
«Mi marca es para todo el mundo» es la frase que más veces he escuchado, y también la que menos me sirve para trabajar. Si le hablas a todo el mundo, no le hablas a nadie en concreto.
Antes de nada, me siento contigo a definir quién es esa persona exacta que va a comprarte. Qué le preocupa, qué le hace decir que sí, qué le echa para atrás. No es un ejercicio teórico de manual de marketing, es la base que después decide el color que eliges, las palabras que usas y hasta el tono de tus stories.
Encuentro la personalidad de tu marca
Aquí siempre hago la misma pregunta: si tu marca fuera una persona, ¿cómo hablaría? ¿Sería la amiga que te dice las cosas claras, o la que te lo cuenta con calma y cariño? ¿Es más de risas o más seria?
Esto no es un capricho creativo. Una marca con personalidad clara se reconoce en cualquier sitio, aunque le tapes el logo. Y eso es lo que hace que alguien la recuerde después de verla una sola vez.
Trabajo tu posicionamiento y tu propuesta de valor
Por qué tú y no otra. Esa es la pregunta que toda marca necesita poder responder en una frase, y muy pocas lo consiguen.
En este paso buscamos exactamente eso. No se trata de decir que eres la mejor, se trata de encontrar el ángulo real que te hace distinta, ese que tu competencia no puede copiar porque nace de ti, de tu forma de trabajar o de lo que has vivido para llegar hasta aquí.
Decido el tono de voz
Y por último, cómo suena tu marca en cada frase que escribe. En una bio de Instagram, en un email, en la etiqueta de un producto.
El tono de voz es lo que hace que tus textos se sientan tuyos incluso cuando los escriba otra persona. Aquí definimos si tuteas o no, si usas humor, cuánto explicas y cuánto dejas para que se intuya.
Y ahora sí, el logo
Con estos cuatro puntos resueltos, diseñar deja de ser adivinar. Ya sé a quién le hablo, cómo suena esa marca y por qué existe. El logo, la paleta y la tipografía dejan de ser gustos personales y pasan a ser decisiones con sentido.
Si estás a punto de lanzar tu marca o de darle una vuelta a la que ya tienes, y quieres que empecemos por aquí en vez de por el logo, cuéntame tu proyecto y vemos por dónde arrancamos.